Al
pretender conocer el contenido filosófico del pensamiento de un autor es
necesario saber cuál es su punto de partida y de llegada, en otras palabras
cuál es su método.
Su
obra comprende dos etapas: una caracterizada por la arqueología del saber, de
los criterios y los métodos que la hacen posible; y la segunda caracterizada
por el análisis del poder no en términos de una propiedad, sino como producción
de saber, de verdad, y en este sentido constituye y define lo real. Foucault cómo un pensador y cómo un filósofo postmoderno se le considera un pensador que problematiza el presente a través de una problematización del pasado que lo sostiene.
La genuina metodología Foucaultiana
es la problematización. Problematizar
es en definitiva, el modo de actuación del pensamiento: pensamos
problematizando, esto es, tratando de pensar algo diferente a lo que
pensábamos y pensamos. En este sentido
Foucault nos enseña que la tarea de la filosofía no consiste en descubrir lo
que permanece oculto, en hacer visible lo invisible, sino, por el contrario, en
hacer visible lo que, precisamente por estar visible, por estar tan próximo
a nosotros, ni llegamos a percibirlo. La
filosofía, entonces no es otra cosa que la tarea de cuestionar críticamente lo
que somos y hacemos.
Ahora
afirmar que la filosofía se asienta en la duda no significa concluir que el
método Foucaultiano sea el de la duda, al contrario, su método es la
genealogía, a través del cual remueve los escombros para saber bajo que
clásicos se han venido definiendo las identidades, subjetividades, etc..
Con lo anterior tenemos facilidad para comprender de dónde
parte su pensamiento por lo que ahora será posible relacionarlo con las
aportaciones que Foucault hizo a la educación así como sus
obras realizadas.
Referencia:
Valladares Portillo, E. G. (2010). Foucault y educación. Una
mirada desde vigilar y castigar. Recuperado de http://www.slideshare.net/edwin70/foucault-y-educacin-una-mirada-desde-vigilar-y-castigar
Karla
Abigail Chávez Espinoza
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